El Capricho

¡Aquí está la respuesta!

Se trata del jardín (que no parque) El Capricho, cuyo nombre podrán recordar sin mucho esfuerzo los más pequeños y revoltosos de la casa.

Senderos ocultos...

Senderos ocultos…

Como ya os conté en mi anterior post a menudo voy a piedi con mi familia por ese lugar de ensueño que tanta importancia ha tenido, y sigue teniendo, para mi vida madrileña. Me encanta volver a perderme una y otra vez por sus senderos ocultos y dejar correr mi fantasía ante sus “caprichosas” edificaciones que surgen de repente entre árboles seculares…

Pero antes de empezar nuestro fantasioso recorrido por esta finca de recreo, que fue mandada construir por los Duques de Osuna, una de las familias más poderosas de su época, son necesarias un par de advertencias preliminares:

  1. Al tratarse de un jardín histórico-artístico está prohibido entrar con comida, bicicletas, animales, pelotas, etc. Cualquiera de estos elementos -excluidos los carritos de los bebés para los cuales hay un acceso específico- tiene que ser entregado a la entrada donde será devuelto a su legitimo propietario por los Informadores del Parque que apuntan manualmente en una hoja todos los objetos depositados en sus manos. Se trata de una justa medida para salvaguardar la belleza y el cuidado del conjunto.
  2. Hay un aforo limitado por lo que, sobre todo en temporada alta (es decir, en primavera, cuando florecen los almendros o en verano, cuando se organizan eventos en el interior del recinto), pueden producirse colas a la entrada, considerando además que el jardín solo abre los sábados, domingos y festivos. Hay que armarse de paciencia (y de gorra y agua para los niños, sobre todo cuando hace mucho calor): ¡la espera merecerá la pena!

Dicho esto, por fin podemos adentrarnos en este mágico lugar y dejar que las niñas, al cruzar la verja originaria, precedida por la antigua plaza de toros, imaginen por un día de ser la propia duquesa de Osuna, doña Josefa de Pimentel, mujer muy adelantada a sus tiempos y mecenas de numerosos artistas.

Superada la entrada, mirando a la izquierda, llamará la atención de grandes y pequeños la encantadora Casa de la Vieja -la misma que he puesto en la portada de este blog-, construida a semejanza de una casa de labradores. Podríamos definirla como una casa de muñecas a tamaño real, en cuyo interior, hoy en día no visitable, estaban colocados todos los elementos propios de un “juego” de este tipo, incluidos dos autómatas, para mayor deleite de la duquesa. Frente a la casa se encuentra una huerta cuyos productos varían según la estación del año: a ver si los niños consiguen descubrir qué verduras y hortalizas se esconden debajo de esas grandes hojas… y si no, volved en otoño, seguro que, sobre todo al aproximarse la época de Halloween, todos conseguirán adivinar qué se esconde en este pequeño trozo de tierra cultivado.

La Casa de la Vieja y su huerta

La Casa de la Vieja y su huerta

Mas allá, subiendo cualquiera de los dos senderos que flanquean la Casa de la Vieja, llegamos al Casino de Baile, donde la duquesa, vestida con sus mejores galas, se divertía bailando con sus ilustres invitados que llegaban hasta allí a borde de una falúa por la ría artificial.

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El Casino de Baile

Los más observadores notarán que, escondido debajo de la escalera de este pabellón hay una escultura de un jabalí: esperando que no se despierte de repente, le damos las espaldas y siguiendo el caminito que bordea el riachuelo, entre plantas, flores y árboles de todas formas y dimensiones, llegaremos a un pintoresco estanque donde los más pequeños se divertirán llamando -pero acordaos: ¡no se les puede dar de comer!- a los numerosos patos, patitos y, con algo de suerte, cisnes negros, que nadan felices por sus aguas.

En un lado del estanque, cerca de la preciosa escalera de hierro, hay una curiosa edificación, la Casa de Cañas, así llamada por el material con la que ha sido construida, donde los huéspedes guardaban sus barcos para poder tomarse un té o una merienda en el adyacente pabellón de reposo.

La Casa de Cañas y, al lado, la escalera de hierro

La Casa de Cañas y, al lado, la escalera de hierro

Desde este punto os recomiendo pasear por la amplia pradera que se extiende detrás de vosotros y, si las condiciones metereologicas lo consienten, descalzaros un momento para sentir el hormigueo de la fresca hierba verde debajo de vuestros pies, al estilo de Richard Gere en Pretty Woman (¡aunque este prado es mucho más bonito que el parque de la película, os lo aseguro!). Y si levantáis la mirada a lo mejor llegareis a ver hasta una ardilla que trepa rápidamente por los troncos de los árboles y empieza a saltear de ramas en ramas.

Pero, de todas formas, con o sin ardilla, os aconsejo de dejaros llevar por el encanto del jardín (¡o por las carreras de vuestros niños!) e intentar descubrir todas las edificaciones que se esconden en cada esquina: a ver si los más pequeños encuentran la Ermita o el Fortín o la Casa de las Abejas o el Templete de Baco o el Laberinto… y mucho más.

El Templete de Baco

El Templete de Baco

No os voy a poner fotos de todos los rincones secretos de este lugar: ¡será como un juego descubrirlos junto con vuestros hijos!

Eso sí, parada obligatoria es el Palacio de los Duques de Osuna, justo al final del recinto, parecido, sobre todo para una italiana como yo, a una villa veneta. Desafortunadamente no está abierto al público pero estoy segura que, solo con ver su fachada neoclásica procedida por su amplia escalera, más de un padre querrá sacar una foto de sus niños, y sobre todo niñas, inmortalizadas como una “Duquesa Sissi” de los tiempos modernos.

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La ermita

Y si queréis dar más veracidad a las imágenes románticas que surgen espontáneamente en la mente de grandes y pequeños al pasear dentro de este increíble jardín, no os perdáis las visitas teatralizadas que se han vuelto a organizar en verano, hasta  final del mes de septiembre.

Yo asistí a este espectáculo, con baile, música y teatro, hace cuatro años y todavía recuerdo el estupor y sorpresa de todos los asistentes al ser suave y agradablemente arrastrados en el siglo XIX, durante algo más de una hora. Estoy convencida de que este nuevo viaje escénico, totalmente gratuito (los pases, cada sábado, son a las 12.00 y a las 18.00), no me decepcionará así que espero poderlo disfrutar cuanto antes junto con mi familia y si no, ¡ya me contaréis vosotros vuestras experiencias!

Un consejo: si vais a llegar a piedi desde el metro (línea 5: estación El Capricho), a la salida del mismo por fin han colocado un cartel que señala el jardín pero, si queréis ahorraros unos minutos y coger un atajo, preguntad a los paseantes cual es el camino más directo… seguro que os sabrán ayudar.

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Categorías: PARQUES Y JARDINES | Etiquetas: , , | 8 comentarios

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8 pensamientos en “El Capricho

  1. Roberta

    ¡Alia! ¡pero qué fotos tan bonitas y qué prosa tan amena y forma de contar las cosas tan entretenida! me encanta cada vez más leer tus posts, y en serio, ¿has pensado en cambiar de profesión? ¿ser reportera o periodista? ¡la verdad es que tendrías que considerarlo! hasta el próximo post, besos, roberta

    • Muchas gracias Roberta! ¡Ojala corriera la voz sobre este modesto blog y alguna editorial se fijara en mi y ganara el premio Planeta y me hiciera famosa y pudiera para siempre dedicarme a mi pasión frustrada de escritora…! Son muchos “ojala”… pero mientras haya gente, como tu, que siga leyéndome y animándome, ya tendré un valioso motivo para escribir, con o sin fama, con o sin premio! Gracias otra vez, de corazón.

  2. Pingback: El Capricho soñado – Paseos teatrales « Aliapiedi… por Madrid en familia

  3. Miguel Á.

    La verdad es que cada vez tengo más ganas de ir a Madrid……., y todo ello por tu culpa cuñada… Obviamente, parada inexcusable: El Parque del Capricho.
    Me reafirmo en las públicas felicitaciones iniciales por el Blog…….. Y si bien no me sorprende el entusiasmo que empujas y desprendes a raudales, “no olvides que nos conocemos desde hace tiempo, y tú cuando te propones algo, lo llevas a cabo, es cuestión de tiempo….. tardarás más o menos…. pero lo realizas”, me asombra la calidad y claridad gramatical de tu redacción, las fotografías publicadas, la edición….

    Te sigo la pista. No bajes la guardia y continúa en esta línea…

    TU CUÑI.

    • Querido Cuñi… ya sabes que aquí siempre eres bienvenido junto con tu familia!
      Nuestra casa y el Capricho te esperan.
      Gracias por tus palabras, como siempre… me he vuelto a emocionar…
      Un beso.

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